En la Venezuela de 2026, el trabajador promedio no vive, sino que sobrevive en un estado de *presentismo forzoso*. Este fenómeno, que la Escuela Austriaca identifica como una *preferencia temporal extremadamente alta*, no es una elección cultural, sino una respuesta racional ante la agresión institucional. Cuando la moneda se evapora en las manos y los derechos de propiedad son inciertos, el individuo consume todo lo que tiene hoy porque el mañana es un abismo.
La gran pregunta es: ¿Cómo recuperar el salario real para que el ahorro vuelva a ser posible? Según la teoría de *Eugen von Böhm-Bawerk*, la respuesta es única: elevando la productividad marginal del trabajo a través de la formación de capital.
*1. La falacia del aumento por decreto*
Para el analista económico riguroso, el salario no es una variable independiente que el político pueda ajustar a voluntad. El salario real es el reflejo de la productividad del trabajador. Un obrero en un país desarrollado gana más que uno en Venezuela no porque trabaje más horas o sea más esforzado, sino porque trabaja con mejores herramientas, tecnología y procesos (bienes de capital de órdenes superiores).
En Venezuela, hemos vivido una *descapitalización masiva*. Al destruirse el tejido industrial, los servicios básicos, los sistemas eléctrico y financiero y ampliar la brecha tecnológica, se le ha quitado al trabajador el soporte técnico que hace que su hora de labor valga más. Recuperar el salario real exige, primero, recuperar el capital que lo sostiene.
*2. El ahorro externo como "puente" de emergencia*
Böhm-Bawerk explicaba que el ahorro es la base del capital. Pero estamos atrapados en una paradoja: si el venezolano no puede ahorrar porque su ingreso es de subsistencia, ¿de dónde saldrá el capital?
Aquí es donde la *seguridad jurídica* se convierte en la llave maestra. Si el ahorro interno es insuficiente debido a la pobreza, el país debe ser capaz de atraer el *ahorro externo* (inversión extranjera). Para que el capital internacional fluya hacia Venezuela y modernice la industria o el sistema eléctrico, necesita el "mapa con escala" de los derechos de propiedad. Solo cuando el inversionista tiene la certeza de que no será expropiado o confiscada su ganancia, traerá el capital que permitirá que el salario del venezolano suba por el aumento de su productividad.
*3. Competencia de monedas para detener la sangría*
El primer paso para que el ingreso real deje de caer es detener el *impuesto inflacionario*. Desde la perspectiva del Public Choice, el Estado mantiene el monopolio del bolívar para financiar su déficit, lo que obliga al ciudadano al presentismo.
La adopción de un *sistema multimoneda* real y legal permitiría que el trabajador reciba su salario en una unidad de cuenta estable (dólares, euros o criptoactivos como el USDT). Al eliminar el riesgo de devaluación inmediata, la preferencia temporal del ciudadano empieza a bajar. Por primera vez en años, el venezolano podría retener el valor de su trabajo más allá de las 24 horas, permitiendo que surja el primer germen de ahorro.
*4. Menos estado, más salario*
Finalmente, la recuperación del ingreso real pasa por reducir la carga del Leviatán. Un Estado que consume recursos en servicios públicos ineficientes (caídos al 10,8% del PIB) es un Estado que está compitiendo por los recursos escasos que deberían ir a la inversión privada.
Cada impuesto confiscatorio y cada regulación asfixiante es una detracción directa del salario potencial del trabajador. La recuperación del ingreso no vendrá de una nueva ley del trabajo, sino de la liberación de las fuerzas productivas para que el capital vuelva a ser abundante.
*Conclusión: el capital como redentor del trabajo*
No hay atajo para la prosperidad. Para que el venezolano pueda ahorrar, primero debe ser más productivo, y para ser más productivo necesita capital. El camino de salida del laberinto económico exige romper el ciclo del presentismo mediante la *libertad monetaria y la seguridad jurídica*.
Solo cuando Venezuela sea un refugio seguro para el ahorro —propio y ajeno—, el sistema circulatorio financiero volverá a funcionar, y el salario real dejará de ser una cifra de supervivencia para convertirse en la base de una nueva acumulación de riqueza. Como enseñó Böhm-Bawerk, el tiempo es capital, y es hora de devolverle a los venezolanos el derecho a ser dueños de su futuro.
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FUENTE: >>Econ. Jose Gregorio Santeliz C
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