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jueves, mayo 28, 2026

La cornucopia de la emisión espuria: Base Monetaria, Liquidez y la destrucción del dinero en Venezuela

Econ. Jose Gregorio Santeliz C

El estudio de los fenómenos inflacionarios contemporáneos suele adolecer de un sesgo empirista que confunde las causas con los efectos. Con frecuencia se responsabiliza a la especulación cambiaria, a las estructuras oligopólicas de distribución o a los shocks externos por el incremento sostenido y generalizado de los precios. Sin embargo, la ciencia económica rigurosa, establece una verdad incontrovertible: la inflación es, siempre y en todo lugar, un fenómeno monetario derivado de la dilución institucional de la unidad de cuenta.

En el caso venezolano, si bien la brecha cambiaria actúa como un canal de transmisión visible y acelerador de las distorsiones de costos, la fuerza motriz latente que dinamiza la pérdida del poder adquisitivo es la continua y discrecional expansión de la Base Monetaria (BM) y, por consiguiente, de la Liquidez Monetaria (LM). El examen de este mecanismo revela cómo el Banco Central de Venezuela (BCV), al subordinar la política monetaria a las necesidades de financiamiento fiscal del Ejecutivo, desata un proceso de destrucción del capital que condena a la economía real a una inestabilidad estructural permanente.

*I. La naturaleza de la Base Monetaria (BM) y la Liquidez Monetaria (LM)*

Para la tradición austriaca, iniciada por Carl Menger y consolidada por Ludwig von Mises en _La Teoría del Dinero y del Crédito_, el dinero no es un invento estatal ni un denominador común neutral introducido para facilitar los modelos de equilibrio macroeconómico. El dinero es una mercancía que surge de manera espontánea en el mercado para fungir como el medio de intercambio de aceptación general. Su valor, al igual que el de cualquier otro bien, está estrictamente sujeto a las leyes de la utilidad marginal y de la oferta y la demanda.

La Base Monetaria (BM) —constituida por las monedas y billetes emitidos por el BCV (el dinero de alto poder) más los depósitos de la banca comercial en el ente emisor— representa el pasivo monopolístico del Estado. Por su parte, la Liquidez Monetaria (LM) comprende el agregado más amplio, que incluye las monedas, billetes, depósitos a la vista, depósitos de ahorro y demás pasivos líquidos del sistema financiero en manos del público.

Cuando el banco central incrementa de forma sistemática la BM mediante la monetización del déficit fiscal —es decir, creando dinero de la nada para cubrir los gastos de la burocracia que los ingresos tributarios genuinos no pueden financiar—, altera artificialmente la relación de intercambio entre el signo monetario y los bienes reales de la economía. Un incremento de la oferta monetaria que no responda a un aumento previo en la producción de bienes y servicios o a un incremento genuino en la demanda de saldos reales de caja por parte de los agentes económicos, se traduce inevitablemente en una pérdida del valor de la unidad monetaria. Hay más unidades de dinero persiguiendo la misma o menor cantidad de bienes, lo que provoca la manifestación fenoménica del alza de precios.

En otras palabras, la inflación no es el aumento de los precios; el aumento de los precios es la consecuencia de la inflación, siendo esta definida originalmente como la expansión de la oferta de dinero por encima de la demanda real del mercado. Analizar la evolución de la Base Monetaria (BM) y la Liquidez Monetaria (LM) nos permitirá desnudar el mecanismo a través del cual el Estado financia su déficit mediante la emisión espuria, destruyendo el poder adquisitivo de los ciudadanos.

*II. El multiplicador bancario y la ilusión del crédito coercitivo*

El proceso de expansión no se agota en la imprenta del banco central o en sus asientos contables electrónicos. A través del sistema de encaje fraccionario, la banca comercial expande la Liquidez Monetaria a partir de la Base Monetaria inyectada por el regulador. En una economía de mercado libre, el nexo entre la BM y la LM está regulado por las preferencias de ahorro de los ciudadanos y la evaluación de riesgo de los intermediarios financieros.

Sin embargo, en el contexto de la economía política venezolana, el BCV ha utilizado históricamente la manipulación del encaje legal —alternando de forma espasmódica entre tasas de encaje asfixiantes para frenar el dólar y flexibilizaciones discrecionales— como un instrumento de planificación centralizada. Cuando la autoridad monetaria expande la base de manera desmesurada y posteriormente intenta mitigar el efecto inflacionario mediante encajes legales punitivos, destruye la función natural del crédito bancario.

La expansión de la liquidez desorganiza la estructura productiva. Siguiendo la teoría austriaca del ciclo económico desarrollada por Friedrich A. Hayek, la inyección de dinero nuevo en el sistema financiero falsea la tasa de interés de mercado, desvinculándola del ahorro real de la sociedad. Esto induce a los empresarios a emprender proyectos de inversión a largo plazo que carecen de base material de capital para ser concluidos con éxito (malinvestment o malas inversiones). En Venezuela, esta distorsión se agudiza: la expansión de la liquidez no se canaliza hacia la inversión productiva de largo plazo debido a la ausencia de seguridad jurídica, sino que se desplaza de inmediato hacia el consumo de corto plazo y la adquisición de divisas como mecanismo de cobertura, retroalimentando la depreciación cambiaria.

*III. La anatomía del Efecto Cantillon y la expropiación concomitante*

Un error recurrente de la teoría cuantitativa neoclásica del dinero, expresada en la célebre ecuación de intercambio de Irving Fisher, es asumir la neutralidad del dinero a largo plazo. Este enfoque matemático asume que una duplicación de la masa monetaria duplica mecánicamente el nivel general de precios sin alterar las relaciones de riqueza preexistentes.

La racionalidad económica refuta esta noción abstracta mediante el denominado *Efecto Cantillon*. Como señaló Richard Cantillon y profundizó Mises, el dinero nuevo no ingresa a la economía de forma simultánea ni se distribuye de manera uniforme entre todos los agentes económicos. El dinero nuevo se inyecta en puntos específicos del sistema.

En la dinámica venezolana de expansión de la BM y la LM, el principal receptor del dinero recién creado es el propio aparato estatal y las corporaciones públicas dependientes de él. El Estado gasta este dinero con el poder adquisitivo pleno del momento actual, antes de que los precios del mercado hayan comenzado a subir como consecuencia de la nueva emisión. A medida que el sector público realiza pagos a contratistas, proveedores políticos y ministerios, estas unidades económicas reciben el dinero en segunda instancia y lo gastan a su vez, empujando los precios al alza en los sectores donde demandan bienes.

Para cuando el incremento de la liquidez monetaria se ha filtrado por todo el tejido económico y llega a las manos de los estratos periféricos del sistema —el profesor universitario, el médico del sector público, el jubilado o el trabajador informal—, los precios de los bienes de consumo básico ya han aumentado sustancialmente. El dinero nuevo que reciben estos últimos agentes posee una utilidad marginal severamente disminuida. Por lo tanto, la continua expansión de la base y la liquidez monetaria no genera riqueza nominal generalizada; representa una transferencia forzosa y regresiva de recursos reales desde los agentes productivos y asalariados hacia el emisor monopólico del dinero y sus sectores conexos. Es el impuesto inflacionario en su máxima expresión: una expropiación silenciosa que prescinde de la aprobación legislativa.

*IV. La perspectiva de _Public Choice_: la expansión monetaria como estrategia de supervivencia burocrática*

¿Por qué los hacedores de política económica del BCV persisten en expandir los agregados monetarios a sabiendas de su correlación directa con el brote inflacionario? La respuesta la proporciona de manera nítida la Escuela de la Elección Pública (_Public Choice_). Al descartar la premisa romántica de que el burócrata actúa guiado por el interés público altruista, entendemos que las autoridades monetarias operan bajo una estructura de incentivos políticos de corto plazo.

Desde esta óptica, el banco central venezolano no funciona como un ente técnico independiente, sino como una agencia de financiamiento de la coalición gobernante. El Estado enfrenta de manera sistemática una restricción presupuestaria blanda debido a la ineficiencia crónica de sus empresas públicas y a la erosión de sus ingresos tributarios tradicionales por la contracción económica. Ante la disyuntiva de reducir el gasto público —lo que implicaría despedir burocracia, recortar subsidios clientelares y asumir un costo político directo e inmediato— o financiar el déficit mediante la emisión de dinero espurio, la elección racional del político siempre se decantará por la segunda opción.

La expansión de la base monetaria permite al Gobierno cumplir nominalmente con sus compromisos políticos en el corto plazo: pagar nóminas públicas indexadas de forma rezagada, financiar misiones estatales y sostener el aparato de propaganda y control social. Los costos de esta decisión —la inflación de precios, la descapitalización empresarial y el empobrecimiento generalizado— no se perciben de manera inmediata, sino con un rezago temporal, y se diluyen entre millones de ciudadanos anónimos.

Adicionalmente, la inflación derivada de la expansión de la liquidez diluye las deudas nominales del Estado en moneda local. El emisor paga sus deudas futuras con un dinero que vale una fracción de lo que valía al momento de contraer la obligación. Así, la persistencia en la expansión de la BM y la LM constituye una decisión perfectamente racional para el burócrata maximizador de poder: concentra los beneficios políticos del gasto en el presente y difunde los costos económicos de la inflación entre la población en el futuro.

*V. Conclusiones y la urgencia del desmantelamiento emisor*

El análisis conjunto de los agregados monetarios demuestra que la inflación venezolana no es una afección exógena generada por la "anarquía del mercado", sino una creación institucional planificada desde las oficinas del ente emisor. La continua expansión de la Base Monetaria y la consecuente hipertrofia de la Liquidez Monetaria actúan como la fuente originaria del desorden macroeconómico, alimentando la depreciación del bolívar frente a la divisa extranjera y ensanchando la propia brecha cambiaria que el BCV intenta inútilmente contener mediante intervenciones espasmódicas.

Para estabilizar de forma definitiva la economía de la nación, la receta es categórica: resulta imperativo detener de inmediato la máquina de emisión espuria. Esto no se logra mediante metas de agregados monetarios laxas o promesas de prudencia burocrática, sino mediante reformas estructurales de fondo que arrebaten al Estado el monopolio de la moneda. La introducción de una competencia de monedas absoluta y la eliminación de la facultad del BCV para otorgar créditos directos o indirectos al sector público son los requisitos indispensables para restablecer la honestidad monetaria y permitir, finalmente, el florecimiento del cálculo económico y la inversión productiva en Venezuela.

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FUENTE: >>Econ. Jose Gregorio Santeliz C

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