La opinión pública venezolana asiste hoy, en este mayo de 2026, a un espejismo macroeconómico de proporciones colosales. Tras anunciarse el inicio formal de la reestructuración de una deuda externa que oscila entre los 150.000 y 170.000 millones de dólares —luego de casi una década en un pesado default—, el debate político parece haber encontrado su nueva deidad: el "dinero fresco".
La reciente reanudación de relaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial ha sido recibida por el consenso socialdemócrata y la tecnocracia convencional como una pauta automática de salvación. Se repite de forma casi litúrgica que los créditos multilaterales serán el bálsamo definitivo para la economía nacional. Sin embargo, detrás de la retórica del auxilio financiero se esconde una profunda falacia teórica que ignora las leyes más elementales de la ciencia económica.
*La ilusión del "Dinero Fresco": liquidez vs. ahorro real*
Para desmitificar el sesgo de la ayuda multilateral, es imperativo acudir al rigor de Ludwig von Mises y la Escuela Austriaca de Economía. La teoría económica nos enseña que el capital no es un mero agregado numérico impreso en un balance, ni mucho menos un fajo de billetes verdes inyectado por un burócrata en Washington. El capital real es el resultado del *ahorro previo*: la decisión deliberada de los agentes económicos de posponer el consumo presente para liberar recursos hacia la producción de bienes de orden superior.
El dinero inyectado artificialmente por organismos multilaterales no representa ahorro real; representa deuda.
Cuando el FMI otorga un crédito de "rescate", no está creando capital real ni multiplicando los factores de producción en Venezuela. Lo que ocurre en la praxis es una distorsión profunda:
*Consumo a expensas del futuro*: El endeudamiento público es intrínsecamente perverso porque financia el consumo presente mediante la promesa de confiscación de la riqueza de las próximas generaciones.
*Espejismo de liquidez*: Los dólares multilaterales proveen una liquidez artificial que enmascara temporalmente la escasez, pero que no altera la estructura de producción del país.
*Fomento del _malinvestment_*: Al introducir recursos fuera del escrutinio del sistema de pérdidas y ganancias del mercado libre, se distorsionan los tipos de interés y se inducen malas inversiones a nivel estatal.
*El sesgo multilateral: salvando al acreedor, castigando al ciudadano*
Los rescates financieros tradicionales no están diseñados para liberar a los pueblos, sino para blindar la arquitectura financiera internacional. Un paquete de auxilio del FMI opera como un mero *paliativo inflacionario*. Su verdadero propósito subyacente es validar la planificación centralizada y salvar de forma transitoria a los bancos y fondos acreedores, permitiéndoles postergar o evitar la asunción de las pérdidas reales (_haircuts_) que legítimamente les corresponde asumir por haber financiado a un deudor insolvente.
A cambio de esta oxigenación temporal para la burocracia financiera, el mecanismo multilateral impone un intercambio profundamente injusto:
*a) Actor económico: Bancos y acreedores*
*Beneficio del rescate multilateral*: Cobran deudas viejas con fondos nuevos.
*Costo real asumido*: Ninguno; evitan el castigo del mercado.
*b) Actor económico: Estado e instituciones*
*Beneficio del rescate multilateral*: Postergan el colapso y validan su control.
*Costo real asumido*: Pérdida de soberanía institucional.
*c) Actor económico: Los ciudadanos*
*Beneficio del rescate multilateral*: Ninguno; sufren la persistencia de la inflación.
*Costo real asumido*: Mayor carga impositiva futura para pagar la nueva deuda.
El esquema es circular y destructivo: se emiten nuevos pagarés para postergar vencimientos anteriores, atrapando a la nación en un laberinto perpetuo de sumisión fiscal.
*El falso ajuste fiscalista vs. La liberalización genuina*
La historia universal demuestra que el "ajuste" promovido por el sesgo multilateral suele basarse en el *austerecidio fiscal clásico*: el dogma de que la estabilidad se logra aumentando la recaudación impositiva y exprimiendo aún más al sector privado para equilibrar las cuentas de un Estado hipertrofiado. Esto es un error categórico. El verdadero ajuste no debe ser fiscalista ni extractivo; debe ser *estructural y liberalizador*.
No se trata de encarecer el costo de la vida de los ciudadanos para que el sector público pague sus excesos pasivos. El verdadero camino hacia la salud económica consiste en *reducir drásticamente el tamaño del Estado* para liberar las fuerzas creadoras del mercado. Mientras la asignación de recursos siga en manos de comités de planificación y el cálculo económico continúe cegado por regulaciones, el "dinero fresco" multilateral se evaporará en las alcantarillas de la ineficiencia burocrática, tal como ocurrió con el "mejor refinanciamiento del mundo" en la nefasta experiencia de 1986.
*Propuesta para Venezuela: capitalización y propiedad privada*
Venezuela no puede permitirse el lujo de reincidir en el voluntarismo político. La solución estructural para este 2026 exige romper de manera absoluta con el paradigma del endeudamiento y la tutela multilateral. La verdadera alternativa pasa por ejecutar una reforma de raíz:
*Cero nuevos créditos para deuda vieja*: Rechazar categóricamente la emisión de nuevos pagarés o el apalancamiento en préstamos multilaterales que perpetúen el circuito de la coacción estatal.
*Canje de deuda por activos reales (_Debt for Equity Swaps_)*: Someter al Estado al mismo principio del mercado libre. Ante la quiebra del sector público, los acreedores deben asumir pérdidas (_haircuts_) y recibir a cambio la propiedad directa y los títulos de las infraestructuras hoy destruidas.
*Privatización y desregulación*: Entregar la gestión de las refinerías en ruinas, industrias básicas y servicios públicos (como CVG, CANTV o CORPOELEC) a manos privadas. Esto eliminará el déficit fiscal de raíz y permitirá que el resurgimiento del sistema de precios libres reasigne los recursos de forma eficiente.
*Seguridad jurídica inquebrantable*: Derogar los monopolios estatistas —comenzando por la camisa de fuerza de la Ley Orgánica de Hidrocarburos— y establecer el derecho de propiedad como un pilar sagrado e inviolable.
La lección es inapelable. La prosperidad de Venezuela no vendrá empaquetada en los escritorios multilaterales ni firmada en nuevos contratos de sumisión crediticia. La única redención económica posible provendrá de la restauración de la propiedad privada, el libre mercado, el desmantelamiento del Leviatán y la acumulación genuina de capital real.
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FUENTE: >>Econ. Jose Gregorio Santeliz C
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