Menu

TRADUCTOR / TRANSLATE

viernes, julio 17, 2026

EL DESPERTAR DE LA SÉPTIMA REPÚBLICA

Discurso de Autonomía Federal y Soberanía Constitucional

​Queridos ciudadanos, gobernadores y alcaldes: hoy no nos reúne un protocolo complaciente, sino la urgencia de encarar la cruda realidad de nuestra nación. Es hora de hablar con la fuerza implacable de la ley y la memoria histórica de nuestra tierra, sin adornos ni titubeos, asumiendo con firmeza el quiebre definitivo que exige el nacimiento de la Séptima República.

​Miren a nuestro alrededor y sientan el latido de esta tierra. Evoquemos por un instante la figura de ese noble caballo blanco que corre por nuestra sangre y nuestra heráldica: no el corcel herido, cansado y desgastado por la discordia de las reformas caprichosas del pasado que lo obligaban a galopar con la cabeza volteada, sino un caballo que hoy exige pastar en paz, libre de arreos, de espuelas y de herraduras opresoras. Pensemos también en el turpial, nuestra ave nacional, ese ser de naturaleza mística e indomable que no soporta el encierro y que prefiere morir antes de cantar en cautiverio. ¡Ese turpial somos nosotros, el pueblo venezolano! Un pueblo indomable que se ahoga y se muere si le quitan el aire de la verdadera justicia.

​Pero hoy, la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, nuestra Carta Magna, se encuentra congelada, convertida en letra muerta por quienes pretenden gobernar al margen de ella. Y una Constitución congelada es un engranaje detenido. Quienes conocen de motores, quienes sudan el día a día trabajando la máquina en nuestros campos, talleres y construcciones, saben perfectamente lo que ocurre cuando le metes compresión al motor pero bloqueas por completo el giro del cigüeñal: la presión aumenta, el metal sufre y, tarde o temprano, la máquina estalla. Eso es exactamente lo que está pasando en Venezuela. La presión sobre los hombros del pueblo ha llegado al límite absoluto, mientras el poder central mantiene bloqueado el cigüeñal del derecho, de la justicia y de la alternabilidad democrática. Si ese engranaje constitucional no se mueve de inmediato, la República va a reventar en nuestras manos, y esa no es una advertencia vacía, es una ley física y social.

​Para aquellos centralistas que hoy pretenden someter el país mediante el atropello y el decreto arbitrario, les recordamos que la resistencia de las provincias no es un invento de hoy ni una concesión moderna. Gobernadores y alcaldes, miren su propia historia. Desde la época colonial, el Derecho Indiano y las Leyes de Indias consagraron una fórmula jurídica de legítima disidencia y autonomía federal frente al poder absolutista: la doctrina del «Obedezco pero no cumplo». Bajo este principio histórico y legal, los gobernadores y los cabildos —los alcaldes de la época— tenían la potestad e incluso la obligación de suspender la aplicación de cualquier cédula real o mandato central que consideraran injusto, perjudicial para el bien común o desapegado de la realidad local, protegiendo así el fuero y la justicia de sus provincias frente al abuso de la Corona. Si los gobernadores de la colonia tenían el valor y el derecho de plantarse ante el mismísimo Rey en defense de sus tierras, ¿cómo van ustedes, gobernadores y alcaldes electos por el voto de nuestra gente, a postrarse sumisos ante los dictámenes de un centralismo asfixiante que destruye a sus estados y municipios?

​La soberanía no reside en un despacho ministerial ni en una cúpula centralizada en Caracas. El Artículo 5 de nuestra Constitución es tajante al declarar que la soberanía reside de forma intransferible en el pueblo, de quien emanan los órganos del Estado y a cuyo sufragio se subordinan. Por eso mismo, el Artículo 138 sentencia con total claridad que la autoridad usurpada es ineficaz y sus actos son nulos. ¡No tenemos por qué reconocer a ninguna autoridad que no haya sido sometida al escrutinio del voto popular! No reconocemos a ministros ni a burócratas puestos a dedo. Si hoy hiciéramos una auditoría seria de viceministros para arriba, ninguno pasaría la prueba. ¿Y los diputados o concejales corruptos? Sus nombres ya se están borrando en el lodo del olvido. A los traidores y a los incompetentes nadie los recuerda, porque la nada no deja huella.
​Por eso este llamado es exclusivo para ustedes, alcaldes y gobernadores que sí cuentan con la legitimidad de origen. La ley les exige ponerse al margen de la sumisión y del lado estricto de la Constitución. El Artículo 139 establece que el ejercicio del Poder Público acarrea responsabilidad individual por desviación o abuso de poder, o por violación de esta Constitución y de la ley, y el Artículo 25 advierte que todo acto que viole o menoscabe los derechos garantizados es nulo, y los funcionarios que lo ordenen o ejecuten incurren en responsabilidad penal, civil y administrativa. No existe la obediencia debida cuando se trata de violar la Carta Magna.

​Pero la advertencia definitiva no es para las instituciones; es para el soberano. Debemos entender el verdadero y profundo peso del Artículo 350 de nuestra Constitución. No nos equivoquemos: este artículo no es un llamado para que el gobierno se defienda a sí mismo, ni delega en el Estado la tarea de proteger el hilo constitucional o convocar a elecciones. ¡No! El Artículo 350 es un mandato supremo, una responsabilidad directa, una exigencia de carácter histórico que la Constitución le hace única y exclusivamente al pueblo de Venezuela. Es el pueblo soberano el responsable directo de defender la Carta Magna, es el pueblo el que tiene el deber ineludible de exigir y restablecer el derecho al voto libre, y es el pueblo el que desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticas o menoscabe los derechos humanos. El 350 no es una opción de paz pasiva, es la obligación activa de un pueblo que se niega a vivir arrodillado.

​Gobernadores, alcaldes: asuman su rol, hagan mover el cigüeñal de la descentralización y de la justicia federal. Y a ti, pueblo soberano, asume la exigencia de tu Constitución. No permitamos que la máquina de la patria explote por el temor o la omisión de quienes deben defenderla. Liberemos el motor de la República, activemos la fuerza de la ley y hagamos que la Constitución se cumpla para que nuestro caballo blanco pueda pastar en paz y el turpial que llevamos en el alma pueda, por fin, cantar en absoluta libertad.

​¡Que se active la Constitución, que el pueblo asuma su deber supremo y que se funde, con fuerza y justicia, la Séptima República!

Déjanos saber tu opinión en los comentarios más abajo y no olvides suscribirte para recibir más contenido sobre noticias

FUENTE: >>Carlod H

Si quieres recibir en tu celular esta y otras noticias de Venezuela y el mundo, descarga Telegram, ingresa al link Https://t.me/NoticiaSigatokaVenezuela.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

GRACIAS POR EMITIR TU OPINIÓN

Todos los contenidos publicados en este sitio web son propiedad de sus respectivos autores. Al utilizar este sitio web afirmas tu aceptación sobre las Condiciones de uso, la Política de privacidad, uso de cookies y el Deslinde de responsabilidades legales.

Responsabilidad

Noticias Sigatoka Venezuela, no se hace responsable de las opiniones expresadas en los artículos, ni de los comentarios emitidos por nuestros lectores, quedando entendido que son de entera responsabilidad de sus autores.