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miércoles, julio 08, 2026

La autodestrucción política de María Corina: culpa propia y aislamiento.

Antes del evidente y público distanciamiento de la administración Trump hacia María Corina, sus seguidores aseguraban que ambos trabajaban conjuntamente y que existía una relación casi "íntima" en favor de la democracia en Venezuela. Hoy queda claro que las cosas no eran como las pintaban.

¿Recuerdan la versión épica sobre cómo Trump la habría sacado apresuradamente del país para que recibiera su Premio Nobel, o su travesía secreta a Curazao gracias a un equipo estadounidense especializado? Yo creo saber por qué ya no existe ese apoyo, y lo vengo sosteniendo desde hace casi dos años, desde que a María Corina le quitaron la elección del 28 de julio.

Le aconsejaron: aléjate de quienes te rodean (muchos vinculados a la administración Biden y al Partido Demócrata), vete a Washington con el “viejito”, júrame con un TSJ legítimo y forma un gobierno en el exilio para coordinar una acción militar conjunta con Estados Unidos. No hizo caso. Prefirió quedarse primero recluida en la embajada y luego emprender una gira internacional para recaudar fondos.

Los rumores de descontento con Trump —antes incluso de su primer almuerzo—, los tuits críticos de Magaly Meda años atrás y la exposición pública de esas posturas por Roger Stone, asesor y amigo de Trump, eran señales de que la relación no marchaba bien. La propia caricatura de Magaly Meda, que reconocía el aislamiento desde Washington, y otros indicios ya dejaban ver la fractura. Aun así, el equipo de María Corina lo ocultaba y afirmaba falsamente que ella y Trump trabajaban juntos por Venezuela.

El terremoto dejó al descubierto lo que hoy vemos: una María Corina apartada y rechazada. ¿De quién es la culpa? ¿De Trump? Si María Corina hubiera seguido el consejo desde el principio, quizá hoy estaría en Miraflores en lugar de Delcy. No lo hizo. Su cercanía cómoda con personeros del llamado “globalismo” de izquierda en Estados Unidos —figuras como George Soros y actores del establishment de Washington, a quienes aseguran que intentaron atentar contra su vida (¿recuerdan el tiro en la oreja?)— la alejaron de la alternativa que le ofrecían.

Hoy se presenta como víctima de la tragedia venezolana y arremete contra el régimen —con razón—, pero simultáneamente deja entrever que culpa a Trump por permitir que otra figura gobierne en su lugar. 
¿Qué otra opción tenía Trump? Ahí queda la pregunta.

Econ. Jorge García Rangel.

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FUENTE: >>Econ. Jorge García Rangel

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