La situación se agravó tras el doble terremoto del 24 de junio de 2026. Bajo el pretexto de la reconstrucción y la asistencia ante el desastre, el país experimenta una marcada intervención y control por parte de los Estados Unidos, nación a la que se le continúan suministrando miles de barriles de petróleo.
A pesar de estos constantes intercambios comerciales, la mayoría de la población permanece sumida en la pobreza, percibiendo salarios de hambre. Coexisten dos Venezuelas, evocando el pensamiento de Lech Wałęsa, expresidente de Polonia, quien describía una realidad que nunca desearía para su propia nación: la de los cerros, la de los barrios pobres, y la de quienes se ven obligados a buscar sustento entre los desechos; aquella de niños, adultos mayores y mujeres en estado de gravidez desnutridos que viven en pobreza extrema.
Donald Trump se ha convertido en la autoridad única de nuestra nación, asumiendo la conducción del destino de nuestro pueblo. Bajo este liderazgo, y a pesar de verse obligada a afrontar lo que el Hegemón denomina la reconstrucción de Venezuela, la población ha comenzado a despertar, avanza firme y con la certeza de que Dios sigue guiando cada uno de nuestros pasos y bendice el camino que recorremos juntos.
Las tragedias que sufre el país tienen muchos responsables, pero la fe se mantiene como nuestro motor invisible y la fuerza espiritual permanece intacta en esta nueva etapa, porque Dios no ha mudado su mirada de Venezuela. La historia de los pueblos no la escriben de forma definitiva las crisis ni las tragedias, sino el alma de su gente; este silencio no es sumisión, sino la incubación de una madurez civil y el síntoma de un pueblo que empieza a mirar hacia adentro. Aunque las estructuras colapsen y las promesas humanas fallen, este tiempo de vulnerabilidad extrema prepara el terreno para un verdadero despertar de la conciencia ciudadana, donde el silencio se transformará en una cohesión renovada que nacerá desde las bases y la solidaridad vecinal. La esperanza es la certeza de que la luz siempre disipa la oscuridad más densa, y la nación va a salir adelante por la fuerza inquebrantable de su propia gente guiada por la fe, gestando el amanecer de una república renovada en el espíritu de cada ciudadano que se niega a rendirse.
Por Rafael Martinez
"En los momentos difíciles, el amor es la luz que nos guía hacia la esperanza. Así que con mucho amor feliz inicio del fin de semana.
Por Rafael Martinez
"En los momentos difíciles, el amor es la luz que nos guía hacia la esperanza. Así que con mucho amor feliz inicio del fin de semana.
De su pana Andrés Rivero el sanjuanero mayor
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FUENTE: >>Andrés Rivero
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