Hoy, 5 de agosto de 2026, al conmemorar doscientos quince años de aquel momento histórico de 1811 en que Puerto Cabello fue elevado a la categoría de ciudad, resulta imperativo trascender la simple rememoración efemérica para abordar con rigor analítico el verdadero dilema estructural que ha aletargado su desarrollo histórico. A pesar de contar con la ubicación geográfica más privilegiada de la cuenca del Caribe, con aguas profundas y protección natural de bahía, la trayectoria económica de nuestra urbe ha transitado entre la violencia fiscalista del siglo XIX, donde las facciones armadas se disputaban las aduanas como botín de guerra, y el centralismo absorbente del siglo XX y XXI, que terminó por expropiar a la localidad la riqueza generada en sus muelles. Desde la perspectiva de la teoría de la elección pública (_Public Choice_) expuesta por pensadores como James Buchanan y Amilcare Puviani, la historia del puerto local no ha sido más que la triste constatación de cómo las estructuras estatales operan bajo la lógica de la ilusión fiscal y la extracción de rentas. La capital del país, valiéndose de un monopolio regulatorio y tarifario, convirtió al nodo logístico porteño en un simple embudo tributario para financiar burocracias distantes, despojando al municipio de los recursos necesarios para consolidar una infraestructura moderna y empujando a la ciudad a una dinámica de estancamiento urbano e inercia industrial.
Esta expropiación institucional ha tenido consecuencias devastadoras desde la óptica de la Escuela Austríaca de Economía y el Neoinstitucionalismo de Douglas North. La ausencia de derechos de propiedad plenamente delimitados sobre la franja costera e infraestructural, sumada a la arbitrariedad en las operaciones aduaneras, incrementó drásticamente los costos de transacción para cualquier iniciativa productiva que pretendiera radicarse en el municipio. Se neutralizó de este modo el proceso de descubrimiento del mercado que postula Friedrich Hayek: en lugar de permitir que los precios de mercado, guiados por la oferta y la demanda de servicios portuarios, orientaran las inversiones hacia la innovación tecnológica y la especialización industrial, la planificación central impuso tarifas artificiales, monopolios operativos y distorsiones regulatorias que transformaron a Puerto Cabello en un enclave de paso sin integración endógena. La ciudad ha visto discurrir durante décadas la riqueza hacia el interior del país a través de mercancías y contenedores, mientras hereda el deterioro ambiental, el desgaste vial y la marginalidad fiscal.
Frente a esta falla institucional histórica, la propuesta económica que hoy presentamos a la ciudadanía no es una promesa vacía de intervención gubernamental ni un pedido de auxilios financieros a la capital, sino una refundación basada en el principio de subsidiariedad, la autonomía fiscal y la libre competencia: la transformación de Puerto Cabello bajo el modelo internacional de *Puerto Propietario* (_Landlord Port_) de gestión municipal corporatizada. La evidencia empírica internacional, observable en los casos de mayor éxito logístico como los puertos de Ámsterdam, Hamburgo o los distritos portuarios de Los Ángeles y Long Beach, demuestra que la propiedad y el gobierno de la tierra costera deben estar arraigados en el municipio. No se trata de erigir una nueva burocracia local que reemplace al centralismo caraqueño, lo cual equivaldría a cometer el mismo error bajo distinta escala, sino de devolver jurídicamente al municipio la titularidad de los activos físicos portuarios para que este actúe como un garante institucional neutral.
La arquitectura de este modelo se sustenta en la estricta corporatización de la autoridad portuaria, constituyéndola como una sociedad anónima autónoma de propiedad pública municipal, cuyo único cometido sea el arrendamiento del suelo y la planificación de la infraestructura básica. Bajo este esquema, la entidad pública municipal renuncia categóricamente a la operación directa de buques, grúas, depósitos y servicios de estiba. En su lugar, el espacio portuario se fracciona y subasta en concesiones transparentes e internacionales a múltiples operadores privados, creando un entorno de competencia viva dentro de la misma bahía. Al competir libremente por la atención de las líneas navieras mundiales, las empresas terminalistas privadas se ven compelidas por el mecanismo de ganancias y pérdidas a bajar costos, acortar tiempos de espera, automatizar procesos y reinvertir capital fijo de última generación, restituyendo al sistema de precios su función coordinadora e informativa.
La verdadera descentralización y la inmunidad contra la confiscación centralista se consolidan mediante un marco fiscal y regulatorio estrictamente local. En esta visión, la totalidad de los cánones de arrendamiento, los derechos sobre bienes inmuebles industriales y las tasas por uso de la infraestructura marina ingresan de forma directa y originaria a la tesorería de la Autoridad Portuaria Municipal y del municipio. Estos recursos, en lugar de diluirse en el fisco nacional, se destinan primordialmente a dos fines: el autofinanciamiento del dragado, la tecnología y el mantenimiento de la bahía, y la distribución de dividendos corporativos a la alcaldía para financiar infraestructura pública, educación y servicios urbanos para los ciudadanos de Puerto Cabello. Al mismo tiempo, la instrumentación de una aduana automatizada y desregulada, orientada al transbordo libre de aranceles punitivos y al desarrollo de una Zona de Actividades Logísticas (ZAL) en los terrenos circundantes, permitirá que las empresas locales aporten valor agregado mediante el empaque, la manufactura ligera, el ensamblaje y la refrigeración, rompiendo definitivamente el mito del puerto de paso y consolidando un tejido industrial duradero.
En este 5 de agosto de 2026, la propuesta que elevamos ante el juicio de la opinión pública es la de recuperar la soberanía económica de nuestra ciudad mediante el derecho de propiedad, el respeto al mercado y la libertad de empresa. Puerto Cabello tiene las condiciones naturales para erigirse como el gran nodo logístico y el principal puerto del Caribe; solo requiere liberarse de las cadenas del monopolio y el centralismo extractivo para permitir que la iniciativa privada y la autonomía municipal transformen nuestra vocación histórica en prosperidad real, tangible y duradera para todos sus habitantes.
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FUENTE: >>Econ. Jose Gregorio Santeliz C
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