Existe una convención historiográfica profundamente arraigada que fija de manera acrítica el origen de la ciencia económica en el ámbito de la Ilustración británica, atribuyendo a Adam Smith y a su célebre obra _La riqueza de las naciones_ (1776) la paternidad exclusiva de la disciplina. Esta narrativa, ampliamente difundida por la ortodoxia neoclásica y anglosajona, no solo incurre en una simplificación histórica, sino que oscurece el itinerario intelectual de la tradición continental europea. Décadas antes de que las formulaciones de Edimburgo vieran la luz, un pensador de un rigor analítico sin precedentes ya había trazado la anatomía integral del sistema de mercado: el financiero franco-irlandés *Richard Cantillon*. Su único escrito conocido, el _Essai sur la Nature du Commerce en Général_ —redactado hacia 1730 y publicado de forma póstuma en 1755—, constituye, con estricta justicia metodológica, el primer tratado sistemático de economía política de la historia.
El valor teórico de Cantillon no radica únicamente en una cuestión de precedencia cronológica, sino en la impecable neutralidad analítica y la profundización causal con la que abordó la acción humana en el mercado. A diferencia de las aproximaciones mercantilistas —que se limitaban a formular recetas normativas de intervención fiscal y comercial para el enriquecimiento del soberano— o de las reflexiones filosóficas de la Ilustración escocesa —que imbuyeron el análisis económico de juicios éticos y presupuestos de moralidad social—, Cantillon inauguró el método de la _Wertfreiheit_ o neutralidad valorativa. Concibió la economía como una ciencia deductiva e independiente, cuyo propósito central es desentrañar las leyes universales de causa y efecto que rigen la producción, el intercambio, la circulación monetaria y la formación de precios, al margen de apreciaciones morales o mandatos políticos.
Desde la perspectiva epistemológica que conecta las intuiciones de la Escuela de Salamanca con la posterior sistematización de la Escuela Austriaca, la arquitectura conceptual de Cantillon supera con creces el paradigma analítico que Smith heredaría al pensamiento clásico. Mientras que Smith introdujo una rigidez metodológica al abrazar la teoría del valor-trabajo —fundamento que más tarde serviría de plataforma al reduccionismo marxista—, Cantillon comprendió con lucidez la naturaleza dinámica de los precios relativos. Distinguió con precisión entre el costo de producción o "valor intrínseco" y el "precio de mercado", demostrando que este último no se halla mecánicamente determinado por el esfuerzo laboral incorporado en los bienes, sino por la escasez relativa y las valoraciones cambiantes, subjetivas y contingentes de los consumidores.
Asimismo, la contribución más revolucionaria de Cantillon a la teoría del desarrollo y la organización industrial reside en la articulación de la función empresarial. Adam Smith marginó en gran medida al empresario, diluyéndolo en la figura pasiva del aportante de capital o gestor administrativo. Cantillon, por el contrario, colocó al _entrepreneur_ en el centro neurálgico de la catalaxia. En su esquema, la sociedad se divide fundamentalmente entre aquellos agentes que perciben ingresos fijos o contractuales (asalariados, arrendatarios, terratenientes) y los empresarios, cuyos ingresos son esencialmente inciertos. El empresario es aquel individuo que adquiere factores productivos a precios ciertos en el presente para vender los productos finales a precios inciertos en el futuro. Al asumir voluntariamente la incertidumbre inerradicable del entorno, el empresario actúa como el verdadero motor que ajusta la oferta a las necesidades reales de la demanda, prefigurando el análisis praxeológico que siglos más tarde desarrollarían Carl Menger, Ludwig von Mises e Israel Kirzner.
En el plano de la teoría monetaria, las aportaciones de Cantillon desarticularon de manera definitiva la visión simplista y mecánica de la moneda. La teoría cuantitativa tradicional solía asumir que una alteración en la masa monetaria provoca un incremento uniforme y simultáneo en el nivel general de precios. Cantillon demostró que el dinero no es neutral. El denominado *"Efecto Cantillon"* explica que la inyección de nueva moneda o crédito entra a la economía siempre por puntos específicos y a través de agentes concretos —como el aparato estatal, los bancos o los receptores primarios del crédito—. Estos primeros perceptores gastan el nuevo flujo monetario a los precios aún no alterados del mercado, incrementando de manera artificial su poder adquisitivo a expensas del resto de la sociedad. A medida que el dinero se propaga por las distintas etapas del proceso productivo, los precios van aumentando de forma asimétrica, distorsionando los precios relativos y despojando de capacidad de compra a los sectores que reciben los nuevos ingresos en último lugar o que perciben rentas fijas. Este análisis pionero sobre la redistribución regresiva y la distorsión de la estructura productiva derivada de la manipulación monetaria es el antecedente analítico directo de la Teoría Austriaca del Ciclo Económico.
Fue el propio William Stanley Jevons quien, tras rescatar la obra de Cantillon del injusto olvido decimonónico, la calificó sin ambigüedades como _"la cuna de la economía política"_. Del mismo modo, economistas e historiadores del pensamiento de la talla de Friedrich Hayek y Murray Rothbard sostuvieron que la adopción acrítica del modelo anglosajón significó, en diversos aspectos, un retroceso metodológico respecto al rigor deductivo, el subjetivismo incipiente y la teoría del riesgo que ya habían sido formulados en la tradición continental.
Reconocer la trascendencia de Richard Cantillon no es un mero ejercicio de erudición historiográfica; es un imperativo analítico para rectificar los mitos de origen de la ciencia social. La comprensión del orden espontáneo del mercado, el rol insustituible de la función empresarial frente a la incertidumbre y las devastadoras consecuencias de la expansión monetaria no nacieron de la abstracción matemática ni de la contabilidad estatal, sino del descubrimiento de las leyes universales de la acción humana. En tiempos donde la ortodoxia dominante insiste en subordinar la realidad a modelos estáticos y manipulaciones crediticias, el pensamiento de Cantillon se levanta con la misma lozanía y rigor con la que fue concebido, recordándonos que la verdadera ciencia económica es, ante todo, el estudio del hombre actuante en un mundo de constante incertidumbre.
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FUENTE: >>Econ. Jose Gregorio Santeliz C
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