Así han calificado algunos comentaristas políticos colombianos, el nivel que deberían tener las relaciones de su país con Estados Unidos, México y Venezuela. Respecto de este último, no dudo que así deba ser.
Si bien es cierto que durante la campaña electoral el presidente electo colombiano dio a entender, cuando menos en una oportunidad, que las relaciones entre ambos países se mantendrían casi al mínimo, es lo cierto que las circunstancias han variado. Lo primero, que el control de Venezuela no reposa en Caracas sino en Washington; lo segundo, que ya no se está en campaña electoral y lo tercero, el mundo de las realidades.
Venezuela y Colombia comparten más de dos mil kilómetros de frontera. Es mucho más fácil trasladar suplementos, equipos y maquinarias que se encuentran en territorio colombiano -y Venezuela necesita-, que hacerlo vía marítima. A ello se suma que, los nuevos gobernantes de esta tierra de Nariño y Caldas observan que, la intervención norteamericana, abrirá un mercado de negocios para los empresarios de su país y obviamente sus aliados más cercanos, como consecuencia de la inevitable recuperación venezolana, abriéndose entonces allí una ventaja de oportunidades invaluables para el impulso económico de las dos naciones colindantes.
Sin embargo, sería un error -así lo creo- restringir el estrecho relacionamiento que se avizora al tema material.
Ambos países comparten historia, religión y afectos. Eso tiene que obligar a quienes dirijan a ambas naciones a incrementar más aún los lazos personales.
Tiempo atrás, fueron los colombianos los que, por la situación de su país, se trasladaron a Venezuela para crear allí vínculos indisolubles de esa última naturaleza, los que se manifestaron en la posibilidad de integrarse, aún en condición migratoria irregular, a la nación de El Libertador. En estos tiempos que corren, han sido los venezolanos los que han llegado a esta tierra de Nariño y Caldas en búsqueda del sosiego y progreso que la tierra de Bolívar les negó.
En ambos lados de la frontera es menester ejecutar políticas de migración; esas que faciliten no solo el tránsito entre ambos países, como ocurría cuando los venezolanos éramos integrantes de la Comunidad Andina de Naciones, sino que ellas conlleven en el fondo, la posibilidad de incorporarse plenamente y con mínimas limitaciones, en el otro país.
La recuperación económica de Venezuela que avizoran los observadores, no solo requerirá la inversión de capital de variados países, inclusive Colombia, sino también, la presencia de mano de obra especializada que acompañe a los venezolanos que dentro del territorio nacional se encuentran -y los que a la misma habrán de retornar- en aquella gesta, pues eso será y para ello, nada más fácil que cruzar, inclusive caminando, esa “línea de tiza que los pies de los viandantes borran”, que es nuestra frontera.
Ello requerirá la adopción de medidas de carácter migratorio que permitan el trabajo en tierra venezolana de nacionales colombianos, obviando los requisitos que en la actualidad tiene la ley venezolana. Sin embargo, por mínima reciprocidad, las autoridades colombianas deberían convenir con las venezolanas la adopción por parte de aquéllas de normas internas similares, inclusive las que conlleven la regularización de quienes desde nuestro país han llegado y que, por distintos motivos, no se han podido regularizar en Colombia.
Sobre este último punto, ha sido prédica constante en barras como esta, que la regularización es el camino correcto para que Colombia aproveche el potencial de quien aquí ha llegado, pero además, el que, visto el estado actual de contacto institucional entre los dos países, facilitará que, quien no reúna por sus condiciones personales los requisitos que Colombia estime conducente aplicar para validar la estancia de un extranjero en el país, pueda ser devuelto coordinadamente al otro.
Estoy persuadido de que la fortaleza de las relaciones entre los dos países pasará, a partir del 7 de agosto próximo, por la circunstancia de la estrecha relación que ambos habrán de tener -como actualmente lo tiene Venezuela- con la administración del señor presidente Trump. Sería una torpeza mayúscula de los ocupantes de las casas presidenciales de ambos países, no aprovechar en beneficio de sus respectivos nacionales, esa circunstancia. Así respetuosamente lo sostengo.
@barra plural
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FUENTE: >>https://www.gacetaregional.com/suma-importancia/
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