Alfaro Silva Tomas; Alcantara, Acacia; Cabello, Henry; Alvarez G., Beatriz; ; Diaz Borges, Roque; Sanchez, Aimara; Moros Inciarte, José Gonzalo; Campuzano, Teodoro; Pérez Gonzalez Gisela y Uzcátegui, Mirleidy.
Ese listado de nombres tienen todos características comunes, a saber: son venezolanos por nacimiento; ninguno es abogado, todos son personas preocupadas por la situación del país, vale decir, son ciudadanos en la acepción mas propia del término; ninguno de ellos vive en Caracas y adicionalmente, ninguno ha aspirado nunca a integrar un órgano del Estado, entre ellos un comité de postulaciones.
Seguro estoy, sin haber hablado con alguno de ellos que, si tuvieren la oportunidad de integrar el mismo, hubieren participado para integrar, cuando menos el último órgano citado, pero ocurre que el sistema, lamentablemente, está diseñado para que no puedan hacerlo, por la circunstancia que todo se hace en Caracas y he allí la gran limitante. La descentralización, esa que la Constitución de 1999 pretendió valorar grandemente pero que, la práctica política ha hecho casi un imposible, se hace evidente en cosas tan simples como esas. No se practica.
En este momento de la historia donde las comunicaciones tienen el valor que todos conocemos, resulta sorprendente que estemos todavía atados a decisiones presenciales. Hoy, cuando estamos acostumbrados a conexiones telefónicas internacionales inmediatas, por audio y video, así como plataformas tipo zoom o Microsoft, resulta sorprendente que se privilegie la presencialidad para avanzar procesos lo que conspira, así lo afirmo, contra la gran mayoría del país.
Geográficamente, Venezuela está constituida por 23 estados y 1 distrito capital; en la práctica, para los venezolanos, existe un estado más, el extra frontera pues, allende las mismas, mas de 9 millones de venezolanos nos encontramos.
Los que fuera de Caracas residen y no tienen vivienda o familia en esa ciudad y menos aún los que residen en el exterior, tienen la posibilidad de participar -plenamente- en los asuntos públicos o cuando menos, la tienen supremamente restringida y ello por una interpretación centralista del ejercicio del poder. A eso hay que ponerle coto y ello se logra presentando propuestas y ejecutándolas.
Si hablamos del Comité de Postulaciones Judiciales, el mismo está integrado por 11 miembros de la sociedad civil. Dividamos entonces el país en cuatro circunscripciones: i. los estados orientales; ii.- los estados centrales, incluyendo Caracas; iii.- los estados occidentales; iv.- la extraterritorial. Asignémosle 3 representantes a cada una de las que integran el territorio nacional y 2 a la extra frontera. Alli tendríamos los 11 representantes de la sociedad civil y toda la población estaría, geográficamente, representada.
Adicionalmente, no los obliguemos a viajar a Caracas. Quien quiera y lo pueda hacer, que lo haga, ni mas faltaba. Aprobemos hacia el futuro, como mecanismo complementario de juramentación y participación, los medios que la tecnología permite. Ello por cierto, vale, no solo para los integrantes de dicho comité -y de cualquiera otro de similar tenor- sino también para quienes optaran a las posiciones públicas que se designarán.
Seguramente se argumentará en contra de la propuesta la situación actual del servicio de electricidad en el país. Ciertamente es un problema pero lo cierto es que, en cada ciudad importante del país, hay en la actualidad oficinas tipo coworking que garantizan a plenitud ese servicio y el de internet y adicionalmente, debe pensarse en que las cosas habrán de cambiar para bien. No siempre fuimos tan atrasados como lo estamos hoy.
Colombia quizás sirva de ejemplo para lo que propongo.
Debe saberse que, en esta tierra de Nariño y Caldas, la gran mayoría de los procesos judiciales son virtuales; aquí los abogados -salvo los penalistas- no visitamos despachos judiciales, tal como ocurre en Venezuela. Las causas avanzan por internet y a través de ese medio se celebran las audiencias, entrevistas, interrogatorios y cualquiera otra actuación que, otrora, debía ser presencial.
En la práctica, es muy fácil ir, diariamente, de la esquina de Marrón a Pelota en Caracas, a la de Sociedad. Lo difícil, lo costoso, casi inalcanzable es ir desde las islas Canarias, Bogotá, Puerto La Cruz, Maracaibo, Ciudad de México o Miami a la última esquina caraqueña, sin tener en la ciudad capital, casa que a la persona acoja.
Quienes residen fuera de Caracas tienen tanto derecho a tener la posibilidad práctica de participar en los asuntos públicos, como quienes lo hacen en la Sultana del Avila. Sugiero respetuosamente a quienes correspondan, pensar en ellos en el futuro.
Gonzalo Oliveros Navarro
@barraplural
FUENTE: >>Gonzalo Oliveros Navarro
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