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miércoles, noviembre 04, 2026

Detrás de las postulaciones judiciales: Un pacto político que profundiza la indefensión del ciudadano común.

Por: Diego de la Vega

Caracas — El nuevo proceso para renovar la magistratura en Venezuela avanza bajo una fachada de flexibilización procedimental que, en el fondo, oculta las costuras de un sistema diseñado por y para el cálculo político. Mientras los titulares se concentran en las novedades logísticas, como la opción de que terceros autorizados consignen los documentos de los aspirantes, tras bastidores se consolida una realidad alarmante: la justicia venezolana sigue siendo un tablero de negociación donde las leyes se moldean según el interés de las cúpulas.

El más reciente comunicado del comité para postulados del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) expone una contradicción que roza el absurdo jurídico. A los magistrados nombrados en 2015 por la Asamblea Nacional, hoy en el exilio, se les

prohíbe taxativamente participar en la nueva selección. ¿El argumento oficial? Que postularse equivaldría a repetir en un cargo que "ya ocuparon".

Se trata de un malabarismo retórico que choca de frente con la realidad material. Debido a la persecución política, estos juristas jamás pudieron dictar una sentencia, ocupar un despacho en Caracas ni ejercer funciones reales en el territorio nacional. Es más, el propio Estado nunca les reconoció salarios ni prestaciones sociales. Se les reconoce el estatus solo para vetarlos, pero se les desconoce al momento de validar su ejercicio. Esta exclusión no es un criterio legal uniforme; es una línea roja política. La prueba de su naturaleza discrecional es que el propio comité ha confirmado una excepción: al menos una persona vinculada a este TSJ en el exilio sí fue habilitada para concursar, quebrando la supuesta rigidez de la norma.

La factura que paga el ciudadano a pie

Más allá del choque de trenes institucionales y las pugnas entre el gobierno y la Asamblea de 2015 en las mesas de negociación, este escenario deja al descubierto el verdadero drama nacional: la absoluta inseguridad jurídica que padece el ciudadano común.

Cuando las reglas para elegir a los encargados de impartir justicia se anulan y relanzan de forma opaca —como ocurrió hace meses por decisión directa de la mesa de diálogo sin explicaciones legales públicas—, el mensaje para la sociedad es devastador. En Venezuela, la ley no es una garantía certera ni una regla clara e igual para todos; es un papel que se reescribe a puerta cerrada según las necesidades del momento político.

Para el venezolano de a pie, esta discrecionalidad se traduce en total indefensión. Si el marco normativo es incapaz de sostener la coherencia interna en la elección de sus jueces más altos, ¿qué protección le queda al ciudadano frente a un tribunal local, una disputa de propiedad, un despido injustificado o una detención arbitraria?

La flexibilización de entregar documentos mediante un gestor o un tercero es una concesión menor en un proceso que mantiene la entrevista final estrictamente presencial, blindando el filtro político. Mientras el nombramiento de los jueces siga supeditado a vetos cruzados y conveniencias partidistas, la posibilidad de contar con tribunales independientes y transparentes seguirá en el exilio. Al final del día, la gran víctima de este ecosistema de contradicciones no son los magistrados excluidos, sino un país entero que sobrevive sin una red de seguridad jurídica que lo proteja.

A continuación, se presenta un resumen ejecutivo con los puntos clave sobre la situación del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) en el exilio y el proceso de postulación judicial actual:

  • Restricción y contradicción de postulación: A los magistrados del TSJ en el exilio se les impide participar en el nuevo proceso de selección bajo el argumento de que ya ocuparon el cargo. Sin embargo, esto se considera una contradicción debido a que nunca pudieron ejercer sus funciones en Venezuela debido a la persecución política, ni recibieron los sueldos o prestaciones de ley.
  • Excepciones detectadas: A pesar de la prohibición general, se confirmó que al menos una persona vinculada al TSJ en el exilio sí podrá participar en esta nueva convocatoria.
  • Flexibilidad en la entrega de documentos: El nuevo proceso permite que los aspirantes entreguen sus documentos mediante un tercero autorizado, aunque la entrevista final se mantiene obligatoriamente presencial.
  • Origen de su nombramiento: Los magistrados en el exilio fueron elegidos y aprobados por la Asamblea Nacional de 2015.
  • Anulación del proceso anterior: La convocatoria previa fue anulada por actores de la mesa de negociación política (en la que participa la Asamblea Nacional de 2015), pero el documento no detalla los motivos legales específicos de la cancelación.

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FUENTE: >>Diego de la Vega

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