El sistema educativo venezolano ha sido objeto de constantes críticas y preocupaciones de padres, representantes, estudiantes y docentes. El desmantelamiento generado en los años de la llamada revolución del siglo XXI, ha dejado a los profesionales de la docencia en situación de miseria, y la infraestructura física en colapso. La desinversión ha sido la patente de presentación del oficialismo, y los centros educativos son lugares inseguros para el proceso enseñanza-aprendizaje, poniendo en riesgo el bienestar de estudiantes y profesores. Salones sin ventanas, techos agrietados, baños en condiciones insalubres y laboratorios sin equipos funcionales son parte del menú del reclamo de los directivos y docentes, para que sean revisados y subsanados en las escuelas.
El deterioro afecta la motivación de los docentes y estudiantes para asistir a los centros escolares. Los

