El Génesis, en el mito de Adán y Eva, muestra que una de las inconsistencias propias de la condición humana es la tendencia a no asumir responsablemente las consecuencias de los propios actos.
Esconderse, huir, exculparse, desconocer, desconectarse, señalar a otros, buscar un chivo expiatorio o, como se estila en este cambio de época, construir una narrativa falsa (posverdad), repetirla hasta hacerla creíble e imponerla a sí mismo y a los demás con el objetivo consciente o inconsciente de no afrontar la realidad tal cual es y, en consecuencia, vivir confinado a los límites de los propios intereses es una actitud que se convierte en pecado social e imposibilita el encuentro, la escucha y el discernimiento común, tríada que traza un camino que –según el papa Francisco– Jesús nos muestra para crecer humanamente y, como sociedad, transformar de manera alternativa las situaciones históricas deshumanizantes que
