Como recordarán –espero– muchos de mis lectores, el título de mi columna de hoy, fue el lema de la campaña de mi partido cuando me proclamó candidato presidencial en 1978. Debía enfrentar a Luis Herrera Campíns, Luis Piñerúa Ordaz, José Vicente Rangel, Luis Beltrán Prieto Figueroa y Héctor Mujica. Para todos los gustos, pues. Con cuatro abanderados, la izquierda, nuestra derrota estaba cantada.Herrera, preguntando en nombre de Copei ¿donde están los reales? Y Piñerúa, con su célebre pitico, rescatado años después por Chávez para una causa deplorable, polarizaron el electorado, iniciándose así un nuevo ejercicio presidencial copeyano.
No obstante, los de la izquierda de entonces, adversarios jurados –y con frecuencia gratuitos– de AD y Copei, desterramos el gárrulo lenguaje del odio, la venganza y las amenazas destempladas y abordamos nuestra modesta campaña en la forma más civilizada y digna posible, pero también sin miedo y sin ocultar las fallas




