“Cada vez que nos lancen una piedra, debemos devolverles una rosa. Por que el amor es el único antídoto contra el odio,” una hermosa frase del maestro de la medicina venezolana, Jacinto Convit. Su significado nos permite ver un mundo nuevo, que seguramente saldrá de esta lucha contra la pandemia del Coronavirus, que por momentos parece haber logrado lo imposible. Lo inimaginable, mostrarnos vulnerables como humanidad, y otorgar un puesto preponderante a los verdaderos héroes de blanco en una épica batalla.Una contienda contra un enemigo desconocido es la que libran esos genios del sistema de salud, en todos sus niveles. Y es que en gran parte del mundo, todas las noches cuando el reloj marca las nueve, bajo un estruendoso aplauso, con música, con gritos, tratamos de darles un simple: “gracias hombres y mujeres al dar su vida por la humanidad, puñado de valientes, gracias por permitirnos reconocer su importancia que tanto subvaloramos, haciendo ahora mea culpa todos unidos”.
Gran parte de la humanidad no olvidará estos momentos por ser claves para observarnos, y reconocer