El mundo islámico es de una importante complejidad y, por ejemplo, quienes combaten a la mayoría sunita que domina la República de Yemen, pertenecen a un movimiento chiíta y, faltando poco, zaidí: los hutíes (o hutiés, como hemos visto también en las redes). Éstos han hecho del Mar Rojo un extraordinario teatro de operaciones al afectar severamente el tráfico comercial, generando las obvias consecuencias económicas, pero también medioambientales en otras hasta muy lejanas latitudes.
Huelga comentar, religiosamente, unos son más fundamentalistas o integristas que otros, e, incluso, no todos monárquicos, y, por sus acciones, las diferencias no apuntan precisamente a matices ligeros y circunstanciales. Además, el conflicto yemenita es capaz de superar cualquier frontera, y, puede aseverarse, ¿qué importa la voladura misma del planeta con todos los infieles, si los elegidos