Desde hace más de un año vengo compartiendo en algunos grupos de WhatsApp (incluso de uno decidí salirme porque me decían profeta del desastre, pesimista, complaciente con Maduro etc.) por decir lo que iba a pasar, fundamentado en un análisis de la dinámica dictatorial del chavismo más que en el calor de las emociones.
Yo pienso que uno tiene siempre que despojarse de sesgos, al menos yo como analista y asesor político que soy (desde hace casi 30 años en Venezuela y ahora ejerciendo en Chile en el Congreso Nacional) y dejar de pensar con las entrañas y sí con el cerebro. Dejar de ser un fanático. O un cheerleader de la opinión.
Mi intención nunca fue desalentar, sino ofrecer una perspectiva realista, basada en la comprensión de que las dictaduras emplean tácticas diseñadas para obstaculizar y suprimir voces opositoras, incluida la
