Ha dicho Nicolás Maduro, hinchado y sin ruborizarse, que Venezuela necesita una cultura tributaria. Me apresuro a decir que esto debe traducirse en que el régimen prepara una arremetida fiscal contra empresas empobrecidas y trabajadores que, en su mayoría, reciben salarios miserables, resultado neto de las políticas económicas del régimen.
En su palabrerío, Maduro ha citado el ejemplo de Europa. En efecto, se trata de uno de los modelos fiscales más eficientes en el mundo. Sin embargo, al contrario de lo que Maduro se propone, que no es otra cosa que aumentar las metas de recaudación -más dinero para la voracidad desbordada del régimen-, debe recordarse que lo que se entiende por una cultura tributaria es, en lo esencial, un






