Si Venezuela fuera administrada de una manera decente y honesta sería uno de los países más prósperos a nivel mundial, ya que posee más reservas de riquezas naturales que ningún otro: la segunda de gas en el mundo; la de oro más grande del planeta; las de petróleo son de 497.000 millones de barriles, al punto que cuando se agoten las de Arabia Saudita podrá seguir explotando durante 500 años más; inmensas reservas de torio, mineral 200 veces más potente que el plutonio y el uranio, y en extensión duplica las reservas del petróleo y en precio supera el valor del oro; 300 mil millones de quilates en diamantes; además grandes reservas de coltán, hierro, cobre y plata. A pesar de tanta riqueza actualmente es el segundo país más pobre de América Latina, solo por delante de Haití. ¿Cómo puede ser posible esto? La respuesta es aterradoramente simple: ¡gracias al socialismo del siglo XXI!.
Mientras la estatal PDVSA fue administrada por una tecnocracia eficiente producía 3.1 millones de barriles diarios de crudo; a partir de 1998 el coronel Chávez la reemplazó con una burocracia inepta,
