A medida que avanza este mayo de 2026 y las reuniones entre los representantes del sector público venezolano y los comités de acreedores internacionales entran en una fase decisiva, la atención pública se centra en los montos nominales de la quita (_haircuts_) y los plazos de gracia. Sin embargo, en los pasillos de la diplomacia financiera internacional se gesta un peligro mucho más sutil y destructivo: la tentación de pactar artificialmente las tasas de interés de los nuevos instrumentos financieros que sustituirán a la vieja deuda en _default_.
Bajo el auspicio de organismos multilaterales y la urgencia política de presentar un acuerdo como un "éxito de estabilidad regional", existe una presión coordinada para fijar tipos de interés artificialmente bajos o indexados a fórmulas políticas de sostenibilidad fiscal. Para la ciencia económica heterodoxa, este intento de someter el precio del tiempo y del riesgo a los dictámenes de un comité de planificación es una receta inequívoca para perpetuar el colapso y cegar, una vez más, el cálculo económico en Venezuela.
*La naturaleza del interés: preferencia temporal vs. decretos políticos*
Para comprender la gravedad de esta distorsión, es imperativo rescatar la teoría del interés desarrollada por Ludwig von Mises y Murray Rothbard. La economía convencional suele definir erróneamente la tasa de interés como el "precio del dinero" o un mero instrumento macroeconómico que los bancos centrales y los gobiernos pueden manipular a voluntad para "estimular" o "enfriar" la actividad productiva.
Pero realmente el interés es una categoría fundamental que emana de la *preferencia temporal*: el hecho inmutable de que la acción humana valora más la satisfacción de una necesidad en el presente que esa misma satisfacción en el futuro. En un mercado de fondos prestables libre de coacción, la tasa de interés pura está determinada por el descuento de los bienes futuros frente a los bienes presentes, a la cual se le añade una prima de riesgo que refleja la incertidumbre inherente a cada operación crediticia.
Cuando el Estado y los comités de acreedores se sientan a negociar las condiciones de los nuevos bonos y decretan políticamente una tasa de interés, no están descubriendo un precio de mercado; están cometiendo un acto de arrogancia estatista. Están pretendiendo ignorar que Venezuela arrastra un riesgo de impago estructural gigantesco, derivado de casi una década de _default_, una institucionalidad devastada y un aparato productivo desmantelado por el intervencionismo.
*La distorsión de las señales y el peligro del _Malinvestment_*
Si las tasas de interés de los nuevos bonos reestructurados se fijan de forma artificial por debajo de lo que exigiría el mercado libre para reflejar el riesgo real de la nación, las consecuencias macroeconómicas serán nefastas:
*Falsificación del cálculo económico*: La tasa de interés es la señal de tránsito más importante del sistema económico. Si se deprime políticamente, se emite la falsa señal de que existe un abundante ahorro real disponible y de que el riesgo país se ha disipado, invalidando la correcta evaluación de los proyectos de inversión.
*Inducción a la mala inversión (_malinvestment_)*: Un tipo de interés artificialmente bajo induce a los administradores públicos y a los sectores privados subsidiados a embarcarse en proyectos de larga maduración que carecen de base económica genuina. Estos recursos se dilapidarán en obras inviables, repitiendo el ciclo de destrucción de capital que caracterizó a las bonanzas artificiales del pasado.
*Perpetuación de la escasez de capital real*: Las tasas de interés manipuladas repelen a los inversores sensatos de largo plazo y atraen exclusivamente a capitales especulativos de corto plazo o a burócratas multilaterales que operan con fondos públicos ajenos, distorsionando aún más la estructura productiva.
El precio del riesgo no puede evaporarse por decreto diplomático. Si el mercado percibe que la tasa de interés pactada políticamente no compensa el peligro real de insolvencia de la contraparte estatal, el valor de mercado de los nuevos bonos se desplomará al poco tiempo de su emisión, condenando a Venezuela a permanecer excluida de los circuitos financieros internacionales genuinos.
*La diplomacia financiera y el espejismo de la "sostenibilidad"*
La tecnocracia del FMI y los asesores neoyorquinos argumentarán en este 2026 que las tasas deben ser "concesionales" o "bajas" para garantizar la sostenibilidad de la deuda en el largo plazo. Este argumento confunde la causa con el efecto. La sostenibilidad de una economía no se logra abaratando artificialmente el costo de su endeudamiento, sino liberando los factores de producción para que generen riqueza real.
Pactar tasas de interés políticas bajo el ala de la diplomacia internacional solo sirve para enmascarar la insolvencia del deudor y postergar el ajuste estructural. Es el equivalente financiero a romper el termómetro para ocultar la fiebre. Las tasas de interés deben fluctuar libremente en el mercado secundario y en las nuevas emisiones; deben reflejar fielmente la cruda realidad de la economía venezolana. Solo un tipo de interés determinado por la oferta y la demanda de capitales permitirá una sincera y cruda evaluación de los pasivos estatales, forzando a todas las partes a reconocer las pérdidas acumuladas.
*Conclusión: el mercado como único juez del riesgo*
La reconstrucción financiera de Venezuela exige romper con el fetichismo del control de precios, especialmente en el mercado del capital y el riesgo. Cualquier intento gubernamental de fijar las condiciones financieras de la reestructuración al margen de la libre interacción de los agentes económicos volverá a cegar el cálculo económico y sembrará las semillas de la próxima crisis de deuda.
Si dejar fluctuar libremente la tasa de interés revela que el costo financiero para el Estado venezolano es prohibitivo y que ningún inversor privado está dispuesto a prestarle a un tipo de interés pagadero, la conclusión no debe ser la manipulación de la tasa, sino la ratificación de la insolvencia moral y material del modelo estatista.
Ante unas tasas de interés libres que reflejen el verdadero precio del riesgo, la única salida éticamente aceptable y económicamente viable es la liquidación total de los activos del sector público mediante el canje directo de deuda por propiedad privada. Dejemos que las tasas de interés digan la verdad del mercado libre, pues solo la verdad económica nos apartará del laberinto del colapso crónico y abrirá las puertas a la acumulación genuina de capital real.
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FUENTE: >>Econ. Jose Gregorio Santeliz C
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