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lunes, agosto 24, 2026

Más allá del monopolio fiduciario: respuesta a la propuesta de dolarización oficial de Steve Hanke

Econ. Jose Gregorio Santeliz C

La reciente propuesta formulada por el economista norteamericano Steve Hanke de imponer una dolarización oficial en Venezuela mediante la sustitución del bolívar y el desmantelamiento definitivo de las funciones de emisión del Banco Central de Venezuela representa un intento comprensible por erradicar el flagelo hiperinflacionario que ha devastado la economía nacional durante años. Sin embargo, un análisis riguroso del caso revela que la transferencia del monopolio emisor desde el Banco Central de Venezuela hacia la Reserva Federal de los Estados Unidos constituye una solución teóricamente incompleta y estructuralmente defectuosa. Sustituir un monopolista estatal fallido por un monopolista fiduciario extranjero no resuelve el problema de fondo, pues la raíz de la inestabilidad monetaria no reside en la nacionalidad o en la ubicación geográfica del emisor, sino en la naturaleza misma del monopolio coercitivo y de las leyes de curso forzoso.

Desde la perspectiva desarrollada por Friedrich A. Hayek en su obra seminal sobre la desnacionalización del dinero, el dinero no es una invención del Estado ni requiere de la tutela gubernamental para cumplir con sus funciones esenciales como medio de intercambio, unidad de cuenta y reserva de valor. El valor del dinero surge de los juicios de apreciación subjetiva de los agentes económicos en el mercado libre, tal como lo demostró Carl Menger en su teoría sobre el origen del dinero. Cuando el Estado interviene en este proceso espontáneo mediante la imposición del curso forzoso, arrebata a los ciudadanos la soberanía económica, forzándolos a utilizar un instrumento de pago que carece de la confianza y el respaldo del público. En el caso venezolano, el curso forzoso ha operado como un mecanismo de extracción de riqueza que ha licuado el ahorro, distorsionado la estructura de precios relativos e impidido el cálculo económico indispensable para la asignación eficiente de capital.

La dolarización oficial planteada por Hanke, aunque pragmática en la contención inmediata de la emisión descontrolada de bolívares, comete el error de encadenar el destino económico del país a la política monetaria del Banco Central estadounidense. La Reserva Federal, lejos de ser una entidad neutral, administra una moneda fiduciaria sujeta a la manipulación sistemática de los tipos de interés, la expansión crediticia sin respaldo y la consiguiente generación de ciclos económicos de auge y depresión, según lo explica la teoría austriaca del ciclo económico formulada por Ludwig von Mises y F. A. Hayek. Adoptar el dólar de manera exclusiva equivale a importar pasivamente las distorsiones, los desequilibrios y la depreciación secular del poder adquisitivo de la divisa norteamericana, privando al mercado venezolano de la capacidad de seleccionar y descubrir activos monetarios con mayor solidez institucional.

La verdadera solución no estriba en sustituir una camisa de fuerza burocrática por otra, sino en desmantelar por completo la coacción estatal mediante la abolición del curso forzoso y la implantación de un régimen de libre competencia de monedas. La eliminación del privilegio legal del bolívar permitiría que diversos medios de pago —dólares, euros, yenes, libras esterlinas, metales preciosos como el oro y la plata, así como activos digitales y stablecoins— compitan libremente en el mercado en igualdad de condiciones jurídicas. En un entorno donde ningún emisor goza de protección monopolística, se activa un poderoso mecanismo de disciplina de mercado: el emisor que diluya el poder adquisitivo de su divisa sufrirá el abandono inmediato de los usuarios en favor de alternativas más estables. En un marco de competencia, la ley de Gresham opera a la inversa de lo que ocurre bajo controles tarifarios; como demostró la tradición austriaca, en el mercado libre la moneda de mejor calidad expulsa a la mala moneda.

Bajo este esquema de libertad monetaria, no es necesario decretar la prohibición ni la muerte legal del bolívar. Si el Estado venezolano o un ente emisor reformado aspiran a mantener la circulación de la moneda nacional, tendrán que someterse a las reglas de la disciplina financiera, eliminando de raíz el financiamiento monetario del déficit público y garantizando una paridad o respaldo estricto y convertible. El bolívar tendría que recuperar su credibilidad compitiendo con éxito frente a otros activos, demostrando su utilidad y estabilidad de manera voluntaria y no mediante la amenaza de la sanción penal o tributaria.

La abolición del curso forzoso y la instauración de la desnacionalización del dinero restituirían la transparencia del sistema de precios, revitalizarían el crédito bancario a largo plazo y ofrecerían un marco de seguridad jurídica inexpugnable para la atracción de inversiones internacionales. En lugar de importar un monopolio ajeno, Venezuela debe dar un paso al frente hacia la vanguardia de la libertad económica, reconociendo que el dinero pertenece a los ciudadanos que lo producen mediante su esfuerzo productivo y no al poder político que busca controlarlo.

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FUENTE: >>Econ. Jose Gregorio Santeliz C

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