La acción humana no se despliega en un vacío ahistórico ni en un entorno indemne a las decisiones de la autoridad monetaria y regulatoria. En su tratado fundamental, Ludwig von Mises estableció con claridad insuperable que la praxeología estudia la conducta del individuo en su constante intento por pasar de un estado de menor satisfacción a uno de mayor satisfacción. Sin embargo, cuando las instituciones fundamentales de la sociedad, especialmente el sistema de precios absolutos y la certidumbre sobre el valor del signo monetario, son alteradas mediante la intervención coercitiva, el marco mismo en el cual los hombres evalúan el futuro, priorizan sus necesidades y juzgan el mérito de sus virtudes, sufre una mutación trágica. La degradación económica no se limita a la contabilidad o a la pérdida de poder adquisitivo; sus secuelas más profundas y destructivas son de carácter filosófico, ético y conductual.
Para comprender la naturaleza de esta transformación conductual, resulta fértil tender un puente

